jueves, 2 de enero de 2020

Devocional día vigésimo sexto.


Cómo les enseño?

Josué 1:8 Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.
A las personas se nos hace difícil leer la biblia, es engorroso la oración, y reunir a los hijos y a la pareja es como querer subir a la torre Eiffel.
Ciertamente muchos de nosotros no hemos nacido en hogares cristianos y no traemos esa educación, pero alguien debe comenzar en la formación de nuestra familia.

Nunca es tarde para comenzar, no hay nada mejor que educarnos en la palabra de Dios, el apóstol Pablo uno de los hombres más preparados de la biblia, después que conoció a Cristo dijo que todo lo que sabía, le era por basura.

Solo la biblia tiene la verdad, hay nutricionistas que siendo personas muy gordas enseñan a otros a ser delgados, sicólogo que no saben llevar sus vidas queriendo guiar a otros, abogados que con injusticias tratan a las personas, son los que quieren buscar justicia a otros, todos hacen lo contrario a lo que dicen.

La biblia nos enseña el temor a Dios, ese temor nos guía a amar y a ser santos, ninguno somos santos pero buscamos ser lo que Cristo nos pide.

Cómo puedes enseñarlos? Primero aprendiendo tu, formando un círculo familiar donde reine el amor perfecto que proviene de Dios.

La verdadera properidad está en la familia, si educamos a nuestros hijos, en las enseñanzas de la biblia, si mostramos amor a nuestra pareja, si usamos palabras suaves, tendremos una familia llena de éxito y próspera.

Toma un día a la semana junto con tu familia, empieza a leer la biblia, si tienes hijos pequeños, sienta los a tu lado y de modo alegré lee la Biblia como historietas alegres, y aunque sean adultos hazle sentir emoción en la lectura,  hazle sentir que Dios los escucha, la palabra dice que donde estén dos o tres reunidos en su nombre, ahí estará él.

Tu familia debe conocer un Dios cercano, un Dios que siente lo que tú sientes, un Dios que escucha, un Dios que cambia los diagnósticos, un Dios que es amor, y no un Dios de castigo.

Cuando el Señor entra a una familia es Para transformar su manera de pensar, lo cual los lleva a transformar su manera de vivir.

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