jueves, 26 de marzo de 2020

Dios se revela a los niños

Ellos juegan con lo que nosotros trabamos
Lucas 10:21 En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.

El Señor Jesús había elegido setenta discípulos y los había enviado de dos en dos a predicar el evangelio a las comunidades a donde él pensaba luego ir. 
Cuando el Señor envía a una persona a una casa o una comunidad, es porque ya el Señor a determinado llegar a ese hogar o a esa comunidad.
Ustedes deberían saltar de gozo en saber que si hoy está aquí leyendo del evangelio es porque el Señor a decido visitar sus vidas, visitar su familia.
Y cuando el Señor decide visitar una casa, una persona o una comunidad es porque los va hacer libre de la segunda muerte, los va a sanar de toda enfermedad, los hará libre del miedo y de todo temor.
Ciertamente en muchos sectores de las comunidades hay iglesias plantadas, en las calles hay muchas personas que hablan del evangelio. Pero cuantas personas escuchan la voz de Dios?, a cuantas personas realmente se le revela el amor del Señor?, a cuantas personas se les revela el deseo de seguir el evangelio de corazón?.

A cuantas personas reunidas junto a un predicador se les ha hablado de la palabra y ellos al salir de ese lugar es como que la palabra no los penetro, cuantas personas han visto milagros hechos por los hijos de Dios y aun ellos no toman la decisión de creerle a Dios.


Por eso el Señor en Lucas 10:13 dice: ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido”. Es para que mucha gente viendo y oyendo las maravillas del Señor ya se hubiesen vuelto al Señor.
¿Pero porque esas personas no logran arrepentirse o volverse al Señor?
Esas personas no aceptan al Señor porque la lógica y el creerse mejor que los otros los engrandece, son personas orgullosas, personas vanidosas, personas que prefieren vivir sus vidas a su antojo, personas que quieren ser miradas con respeto por los demás, y el único modo que lo obtienen es teniendo una cara de superioridad ante las demás personas, cuando en sus intimidades son vanas y miserables.

Para poder recibir la revelación de la palabra, hay que ser una persona humilde, reconocer que es tan pecadora como las otras personas, a los seres humanos no nos cabe el dicho que dice que si pones un tomate malo junto a otros tomates, este dañara a los demás, los tomates no tienen conciencia ni pueden moverse, por eso es que se dañan con la segregación del tomate malo, nosotros somos seres con pensamientos y movimientos propios y podemos discernir las cosas, y movernos en el momento que deseemos hacerlo, nadie nos puede dañar, nosotros nos dañamos a nosotros mismos.

Por eso comencé con el versículo 21 de Lucas donde Jesús dice que el padre escondió todas estas cosas a los sabios y se la revelo a los niños, si usted lee todo el texto anterior dice que el Señor había enviado a setenta discípulos a llevar el evangelio a los lugares a donde él tenía que ir luego, entonces como es que dice que le revelo estas cosas a los niños, si los enviados eran hombres.

Es aquí donde está la revelación de porque a unas personas Dios se le revela y a otras no, aunque pasamos toda una vida predicándoles y hablándoles de Dios a una persona ella no lo recibe.
Para que a una persona se le sea revelado el reino de Dios, esa persona debe empezar a ser como un niño, debe tener la capacidad para perdonarse a sí mismo, un niño puede hacer lo que sea, se siente mal en un momento, pero al ratico ya se le olvido y comenzó a ser la misma persona.

A un niño le hacen algo y él llora, se pone bravo por un rato con el otro niño, pero muy pronto ya está jugando con el otro niño como que si no ha pasado nada.

Un niño no critica al otro, él va y lo acusa con su papi o con su mami, pero no a terminado de acusarlo, cuando sale corriendo a seguir jugando con el otro niño.

Un niño no hace distinción de color, de raza, de credo, ni condición social, el niño solo quiere tener a alguien con quien jugar.

Por eso la palabra dice: que escondió estas cosas a los sabios, nosotros una vez que crecemos que nos hacemos hombres y mujeres y más cuando ya hemos fracasado varias veces, nos creemos más que los demás, nos creemos sabios. Proverbios 3:7 dice que no nos creamos sabios en nuestra propia opinión,
Dejemos de condenarnos a nosotros mismos, dejemos de acusar y guardar rencor por las otras personas, ten un corazón como el de un niño y atrévete a perdonar, atrévete a acercarte a las demás personas. Por causa de querer ser más que los demás, estás perdiendo la oportunidad de tener una vida en abundancia, estás perdiendo la oportunidad de ser respetado, estás perdiendo la oportunidad de ser feliz y hacer feliz a tu familia.
El ser humano no cambia, el ser humano se transforma, por eso las personas dicen: yo soy así, nadie me cambia”, tienen razón, pero te tengo una buena noticia Jesucristo no vino a cambiarte porque tú eres imagen de Dios, el Señor vino fue a transformar tu vida, vino a transformar tu forma de pensar, solo debes permitirte ser perdonado por ti mismo, y atreverte a conocer algo superior a lo que has vivido hasta el día de hoy.
Vivir el evangelio es algo superior a la vida que hasta ahora tú has llevado.
El evangelio es para aquellos que son como un niño, que de hecho los niños son más inteligente que los adultos, y son más audaces que nosotros porque ellos no tienen ataduras en sus mentes, ellos no conocen el miedo al fracaso, ellos si caen cincuenta veces se levantan cincuenta y una.

Para terminar, quiero que sepas que hoy has leído esta palabra porque a Dios así le agrado, al padre le agrado llamarte para que leyeras esta palabra, deja el orgullo, y permite que la palabra de Dios hoy se revele en tu vida.
Dios les bendiga.

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